
Alexandra Fumanal
Estar 10 días en Pitaya fue un regalo. Era mi primera experiencia en un coliving y no sabía qué esperar y superó con creces mis expectativas. Para empezar, el lugar es PRECIOSO. El barrio es tranquilo, pero tiene mucho ambiente y restaurantes con vistas al "charco". Laura lo cuida todo con mucho amor y está pendiente de cada detalle. Nos trató a todas como parte de su familia, nos enseñó lugares para tomar algo y paseamos mientras nos contaba su historia y cosas de la isla. Fueron pocos días, pero conectamos mucho todas las colivers y todavía seguimos en contacto. Es sin duda un lugar genial para el networking, para socializar, pero sin perder la tranquilidad que uno busca cuando quiere trabajar. ¡Qué ganas tengo de volver!
