
Lele Rivero
En resumidas cuentas, una atención deficiente, unas instalaciones en pañales y respeto y convivencia nulos. En nuestra habitación (7) encontramos la entrada llena de telas de araña, hojillas usadas en el baño, el agua de la bañera tenía renacuajos a poco que dejamos correr el agua, y lo peor de todo, hay 0 control con el ruido; supuestamente a las 23:00 se exige silencio, pero para nuestra desgracia lo ruidos no pararon hasta las 2 de la mañana (conversaciones muy altas de tono, gente corriendo, riéndose y, en general, haciendo bulla). Lo más triste de todo esto es el hecho de que, cuando comentamos lo que había sucedido con el ruido al hacer check-out recibimos un "¿Y no les dijeron nada? Bueno... Lo sentimos", en definitiva, no volveré y mucho menos lo recomiendo.
