
Kathia Lechuga
Soy mexicana y actualmente vivo en Canadá, y cada vez que viajo pienso lo mismo: ojalá existieran más Munditos por todo el mundo. El Mundito fue mi refugio durante el COVID y también después. Fue un lugar que me sostuvo en un momento muy frágil de mi vida. Aunque yo no me quedaba ahí porque una amiga vivía a la vuelta, siempre me sentí parte de su comunidad. Ahí conocí gente increíble, hice amistades reales y viví momentos que se quedan contigo para siempre. Es un espacio que te hace sentir acompañado, contenido y en casa, incluso cuando estás lejos de todo lo que conoces. Hanna, la dueña, tiene un corazón enorme. Su forma de cuidar el lugar y a las personas hace que todo se sienta humano, cálido y auténtico. El Mundito no es un lugar, es un hogar en Puerto Escondido. Un espacio donde la comunidad sucede de forma natural y donde, incluso lejos de todo, te sientes en casa.
